¿Qué impactos ambientales se asocian a la industria de la moda?

El sector de la moda es una de las industrias más contaminantes del planeta. El “fast fashion” ha dominado y modificado la industria de la moda desde la década de los 90. Es un de los principales sectores que más gases de efecto invernadero emite, con un impacto en el entorno natural devastador. ¿Qué impactos ambientales se desprenden de la generación de la ropa que compramos y llevamos?

18/03/19
Por Cameron Boggon

El “fast fashion” es un modelo de negocio que promociona la producción rápida y barata de prendas de ropa para que los consumidores encuentren en cualquier momento las últimas tendencias. La primera marca en utilizar este tipo de negocio fue Zara en los años 90. Otras marcas como TopShop, Primark, Forever21 o Mammut también son capaces de convertir una idea en la mente de los diseñadores en los escaparates de las calles en cuestión de semanas. Este incremento rápido en el éxito de ventas de estas marcas para llevar ropa barata y a la última ha llevado a un cambio destacable en el comportamiento de los consumidores. En 2014 un ciudadano poseía de media un 60% de prendas de vestir de más en comparación con la media del consumidor en 2000, que llevaba esas prendas por la mitad de tiempo. En 2014 los consumidores americanos invirtieron cinco veces más en la industria de la moda que en 1980.

Los costes finales del incremento sin restricciones de este consumismo desenfrenado son el desperdicio, la contaminación y los talleres clandestinos. Para seguir con la alta facturación sin parar el sistema de la moda rápida, las industrias han hecho todo lo posible para minimizar sus márgenes de coste.

Una de las consecuencias que más debate genera son los talleres textiles clandestinos. En el esfuerzo para reducir costes, muchas compañías optan para trasladar su mano de obra a países en desarrollo económico donde la producción es más barata y las condiciones laborales son a menudo más laxas. Repetidas situaciones sobre las condiciones laborales de los empleados han sido objeto de debate. Al final, pero, poco se hace ante problemáticas como las pocas o nulas medidas de seguridad en los talleres, sueldos bajos, violencia en el sitio de trabajo o explotación infantil. Muchas de estas cuestiones son tratadas con mayor detalle en el documental “The True Cost“.

La mayoría de prendas de este modelo de consumo rápido acostumbran a ser de poca calidad. Durabilidad y calidad han sido conceptos dejados de lado en favor de ropa más barata que va en línea con las tendencias del momento, pero que pasará de moda en la próxima temporada. El mayor problema de este modelo desenfrenado es la cantidad de ropa que termina en vertederos. En 2014, un total de 10,46 millones de tonelada de ropa terminaron en vertederos de los Estados Unidos. Prueba de ello es que alrededor del 15-20% de la ropa que se entrega a tiendas de caridad cada año acaba en los armarios de las tiendas. El volumen de ropa que reciben es, simplemente, demasiado.

Esto nos lleva de nuevo a la cuestión de la producción. ¿Cómo se produce esta cantidad de ropa que al final no acaba teniendo dueño y cuáles son los costes ambientales de su producción? Toda prenda esta hecha con distintos tipos de materiales, a menudo mezclados con diferentes tejidos. Todos ellos ofrecen ventajas e inconvenientes en cuestiones de confort, durabilidad y coste de producción. Sin embargo el algodón está presente en el 40% de la ropa mientras las fibras sintéticas como el poliester o nylon componen el 72% de la vestimenta. Ambos tejidos han sido repetidamente criticados por su impacto ambiental.

environmental destruction: Aral sea in 1989 compared to 2008 showing the water almost disappeared

Mar de Aral en 1989 (izquierda) y 2008 (derecha)

El algodón es un cultivo exigente en agua. A pesar de que solo el 2,4% de la agricultura mundial es específica para el cultivo de algodón, este consume cerca del 10% de todos los productos químicos que se añaden a la tierra y un 25% de los pesticidas. Una de las catástrofes naturales más devastadoras creadas por la intervención humana, fue en 1960. En esa década, la Unión Soviética modificó el curso de dos ríos que desembocaban en el mar de Aral para mantener las plantaciones de algodón situadas actualmente en Uzbekistán y Kazajistán. Como consecuencia, sin el aporte de agua de estos dos ríos, el mar de Aral se está secando, pasando a ser una zona cada vez más árida.

Por otra parte, los polímeros sintéticos son creados por el hombre a partir de elementos propios de la naturaleza. La producción de nylon genera óxido nitroso, gas de efecto invernadero 300 veces más contaminante que el dióxido de carbono. Con el lavado de la ropa, las fibras de nylon y poliester se descomponen en el agua pasando a formar parte de ella como microplásticos. Estudios científicos ya han demostrado que estos microplásticos se están encontrando en nuestra cadena alimentaria, pero todavía se desconocen sus consecuencias en nuestro organismo directamente. La ropa barata y de baja calidad no ayuda a mitigar este problema ya que tiende a desintegrarse más fácilmente que la ropa de mayor calidad.

La escala incomprensible de la industria de la moda y la gran cantidad de tejidos que se producen anualmente para su confección, hacen que este sector sea tan destructivo. Las fábricas textiles donde se producen las prendas de ropa requieren un consumo elevado de energía y por consiguiente, emiten grandes cantidades de gases de efecto invernadero. El consumo energético de las fábricas de la industria de la moda se estima en un 80%. La electricidad es necesaria para el funcionamiento básico de estas fábricas, así como las máquinas de coser o bombas de aire. Grandes cantidades de calor son necesarias para los procesos de lavado, secado y tinte de las prendas. Muchas de las fábricas de producción se encuentran en China, un país altamente dependiente del carbón como fuente de energía. A las emisiones de CO2 asociadas a la producción, se le añaden las producidas por el transporte de las mercancías, mayoritariamente transportadas en barco. Estos barcos utilizan combustible bunker (combustible derivado del petróleo usado en motores marinos) que contienen 1800 veces más de sulfuro que los vehículos domésticos de fuel de los Estados Unidos, resultando el transporte por barco un sector altamente contaminante.

Otros problemas ambientales derivados de la industria de la moda, hacen referencia a la contaminación de los ríos. Muchas fábricas textiles continúan vertiendo productos químicos a los ríos cercanos a la fábrica directamente. El vertido de productos químicos tóxicos usados para el tinte de las telas, ha sido el causante de eliminar el hábitat de peces y otros animales en amplias secciones de los ríos Citarum en Indonesia y Pearl en China. Junto con esta problemática ambiental, se suman problemas sociales y económicos de los habitantes de estas zonas. Muchos pueblos dependen de estos recursos hídricos como agua para beber, lavar, bañarse o para los cultivos de las tierras. Se han detectado varios casos de cáncer y otras enfermedades en aquellas comunidades situadas al lado de salidas de aguas de industrias textiles.

Red chemicals polluting a river

Algunos de estos problemas ambientales expuestos son la punta del iceberg de la industria del “fast fashion”. Con tantos frentes a atacar, parece difícil escoger un punto inicial para la remediación del sistema. Desafortunadamente, el primer causante de todo esto es la demanda de ropa de bajo coste y desechable. Para abordar este problema de raíz, movimientos como el “slow fashion” y campañas como Fashion4Climate buscan motivar a la gente a comprar ropa de mejor calidad y más duradera producida de forma sostenible. Esto hace referencia a prendas confeccionadas con tejidos producidos respetando el medio ambiente como el lino, cáñamo, seda, ramio, algodón orgánico, lana o tejidos reciclados. Las ecoetiquetas del sector de la moda también ayudan a los consumidores a conocer sobre el origen de los tejidos y condiciones de su producción.

Para agilizar el cambio de modelo de este sistema de producción, EKOenergía lanza una nueva campaña centrada en el sector de la moda. El objetivo de la campaña es que la industria textil y tiendas se pasen al consumo de energías renovables. Aconsejamos a las empresas empezar este cambio con pequeños pasos, como primero hacer el cambio de tipo de energía a renovables en sus oficinas y tiendas. Un segundo paso sería el uso de renovables para todas las grandes instalaciones corporativas que conforman la cadena de producción. El siguiente paso que propondríamos sería animar a todas las fabricas y terceras partes de las cuales la empresa compra, y en especial de las fábricas textiles, que también empiecen a utilizar energías renovables. Hacer más limpia la cadena de suministro es un gran reto de la industria de la moda, y por eso es importante incidir en el consumo energético y dar a conocer las alternativas de energías más verdes que existen en el mercado. Esperamos jugar nuestro papel en hacer que la moda avance hacia una industria más sostenible para el medio ambiente.