Mientras combatimos las olas de calor, actuemos para invertirlas

03.08.2018

Teresa López, EKOenergía

Julio de 2018 ha sido el más caluroso jamás registrado en varias áreas del hemisferio norte, trayendo consigo sequías extremas, alto riesgo de incendios forestales y devastadoras precipitaciones repentinas. Se han superado las temperaturas récord en los EE.UU, Canadá, Japón y diferentes países del norte de Europa, llegando hasta una diferencia de 10°C entre las tres primeras semanas de julio de 2018 y el promedio de las mismas semanas entre 1981 y 2010.

Mientras que muchos ciudadanos, políticos y medios de comunicación muestran su preocupación por las consecuencias que esta anomalía meteorológica está teniendo en la salud pública, la agricultura y el bienestar animal, pocos están debatiendo seriamente sobre las razones detrás de estas, cada vez más comunes, olas de calor. Nos guste o no, el comportamiento humano es en parte responsable y debemos afrontar las consecuencias.

“2018 se perfila como uno de los años más calurosos de la historia, con nuevos récords de temperatura en muchos países. Esto no es una sorpresa. Las olas de calor extremas que estamos sufriendo son consistentes con lo que esperábamos como resultado del cambio climático causado por las emisiones de gases de efecto invernadero. Ya no se trata de un escenario futuro, está sucediendo ahora“, en palabras de la vicesecretaria general de la Organización meteorológica mundial (WMO), Elena Manaenkova.

Existe un claro vínculo entre nuestro consumo intensivo de recursos naturales y nuestra quema de combustibles fósiles, y el aumento de la temperatura media de la superficie terrestre, que en 2016 fue casi 1°C más alta que el promedio del siglo XX. Este cambio climático acelerado por el hombre está alterando los hábitats terrestres y marinos, teniendo consecuencias devastadoras para su flora y la fauna, así como creando millones de migrantes ambientales forzados a huir de sus hogares en busca de seguridad.

Cambios diarios al alcance de todos

La “buena noticia” es que, igual que hemos creado el problema, podemos tomar medidas para minimizar el daño causado. Mientras que otros blogs te dan consejos sobre cómo lidiar con el calor -manteniéndote hidratado, evitando el sol en las horas centrales, no consumiendo alcohol ni cafeína…- en EKOenergía te ofrecemos consejos más duraderos: cómo reducir tus emisiones de CO2.

  • Utiliza el transporte público, anda en bicicleta y camina tanto como sea posible. Intenta evitar los aviones cuando haya alternativas viables como el tren, y si necesitas conducir un automóvil, elige compartirlo y si es posible que sea eléctrico.
  • Compra local. El transporte de carga es una de las principales causas de emisiones de CO2 en el mundo, por eso comprar (y comer) local puede marcar una gran diferencia. Presta atención a las etiquetas de los productos la próxima vez que vayas a hacer la compra, puede que te sorprenda lo lejos desde donde han viajado algunos artículos, incluso cuando también se producen cerca.
  • Reduce tu ingesta de carne. La ganadería es la causa principal de emisiones de metano en el mundo, por lo que limitar la cantidad de carne en nuestra dieta es una forma fácil de reducir nuestra huella de carbono.
  • Evita el consumo de plástico. El plástico deriva del petróleo, que es un combustible fósil. Trata de encontrar alternativas sostenibles a los productos hechos de plástico o empaquetados en plástico. Cuando no sea posible eliminar por completo estos materiales, recuerda reducirlos, reutilizarlos y reciclarlos adecuadamente.
  • Apoya la energía renovable y adopta hábitos y dispositivos para la eficiencia energética. La energía renovable es por definición baja en emisiones. Así, cuando eliges electricidad de fuentes renovables para tu casa o negocio, evitas quemar combustibles fósiles. Si quieres dar un paso más, puedes comprar electricidad renovable con la etiqueta EKOenergía, de manera que apoyes la promoción de la energía sostenible y la biodiversidad en todo el mundo, así como la lucha contra la pobreza energética.

Acciones individuales como éstas pueden tener un largo alcance si difundimos la necesidad de actuar. Es vital educar a otros sobre cómo ser menos dañinos para el planeta y, por lo tanto, para nuestro propio hábitat. Como sociedad debemos dejar de hacer la vista gorda, reconocer nuestra responsabilidad detrás de las catástrofes naturales y trabajar juntos para revertir el cambio climático.